Vino y Gastronomia

El maridaje entre vino y gastronomía ha estado rodeado de “snobismo”, arrogancia y estilo, sin embargo, en este sentido, no hay duda de que una correcta elección en el vino, puede realzar, sustancialmente, el disfrute de la comida. Aunque bien es cierto decir, que muchas veces existe una gran diferencia entre probar un vino solo o acompañado con una comida, pudiendo esta última ser capaz, en ocasiones, de refinar el equilibrio y, por lo tanto, la percepción del vino.

 

Valdría la pena reconocer por qué ciertas combinaciones funcionan mejor que otras. Por ejemplo, nuestros paladares, en realidad, son capaces de catar cinco elementos, pero podrían ser reducidos a tres los que determinan nuestras preferencias, cuando provienen del vino, como son: la dulzura, la acidez y la astringencia, y a su vez, son éstos los elementos básicos en el vino, que bien pueden estar equilibrados o bien exagerados, cuando se mezclan con la comida.

En el caso del vino Albariño, que cuenta con unos sabores intensamente afrutados y una fresca acidez natural, se pueden hacer unas muy buenas combinaciones en este sentido. No es, en absoluto, una coincidencia que la región de Galicia, dónde la uva albariña encuentra su habitat natural, y disfrute algunos de los mejores pescados y mariscos del mundo. No existe un mayor placer que el de saborear un exquisito plato de ostras frescas con una fresca copa de vino albariño.

Este maridaje puede fácilmente extenderse a la gran selección de pescados, mariscos y moluscos de las rías gallegas, las cuales, por su extremada frescura y calidad, requieren de muy poca intervención culinaria. De hecho, sin ningún tipo de cocción, el Albariño puede ser el complemento ideal para sushi (aunque éste no sea una especialidad local).

 

El éxito del Albariño como acompañamiento ideal de una buena comida -al igual que el de otros buenos vinos- depende enormemente tanto de la calidad de los ingredientes básicos utilizados en ésta, como de su elaboración. Aunque en teoría no podemos pretender que este vino sea idóneo para carnes rojas, sí nos atrevemos a recomendar, que no va nada mal con carnes blancas, tanto rebozadas como a la plancha, resaltadas con una delicada salsa de mantequilla o crema, y toques cítricos de limón, mostaza o estragón. Algunas veces se trata, simplemente, de una cuestión de juego o error, y al final, el hecho de que cada uno tenga un paladar individual hace que el escoger un vino para una comida sea una decisión muy personal.

 

El Albariño es también un vino sorprendentemente bueno con muchos quesos, especialmente con los elaborados con leche de cabra, aunque hay que tener más cuidado con los quesos azules, sobre todo con los muy fuertes, ya que sus sabores dominan sobre los del vino. Algunos lo recomiendan con el postre, aunque el exceso de dulzor puede exagerar la acidez del vino.

Y por supuesto, no olvidemos que el Albariño puede ser disfrutado como excelente aperitivo.

Así que, podemos resumir diciendo que la apreciación de las diferentes combinaciones de comidas y vinos es puramente subjetiva, y que al final, deberíamos beber y disfrutar lo que más nos guste en compañía de nuestros amigos, …¡y a poder ser con un buen Albariño!

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